lunes, 24 de septiembre de 2012

Desde Lima con amor

La cara de Elisa y Luismi al llegar a Lima


Hola amiguit@s: ¿y cómo están ustedes? ¿Bien? ¡Genial! Nosotros arribamos al Nuevo Mundo en el día 19 de septiembre del Año de Nuestro Señor de 2012 sobre las seis a.m, hora local. Recogimos la maleta y nos encontramos, medio atontados como íbamos del viaje, con una increíble pared humana, vociferante, que esgrimía en una selva de brazos decenas de carteles escritos a bolígrafo con nombres de personas viajeras. Encontramos el que nos buscaba a nosotros y salimos a una lluvia fina que caía de un cielo plomizo para embutirnos con las maletas, bolsos de mano y acompañante en un taxi destartalado, viejo y más que medianamente sucio que nos trajo directos al “departamento” alquilado para nuestra estancia. Desilusión inicial. Para nuestro punto de vista europeo el barrio resultó algo deslucido y la casa un lugar curioso, algo así como la del Chavo del Ocho. Nos esperaban los caseros, el Señor Tomás y doña Marita, que con su amabilidad y su acento de azúcar nos hicieron sentir en casa en menos de diez minutos. “-No suele llover en Lima-” nos dijo Tomás….”-Ustedes van a pensar algo así como que llegan y el sielo está llorando-”. Al rato salió el sol y fuimos a comer con los nuevos compañeros de trabajo de Luismi: espléndida comida y espléndida compañía. Nuestro  primer día limeño culminó bien.
Lima es una ciudad de ocho millones de habitantes, multicultural y multirracial, pero para mí es, hasta ahora, principalmente una ciudad de sonidos y aromas: los continuos ruidos del tráfico incesante, las bocinas de los coches, las alarmas que se les disparan a cada momento; la música que sale de los comercios, de las casas, y la de los mini-buses que circulan recolectando gente y que en cada parada anuncian a voces su destino: “¡¡¡¡Arequipa, Arequipa, Arequipaaaaaaaaaaaaaa!!!”. Los aromas de las cevicherías, pizzerías, café de los puestos callejeros, pasteles, tamales y bueno,  otros olores menos agradables que no vamos a enumerar.
No podemos olvidar a Paco Martínez Soria bajando del bus con las gallinas en la jaula, llegando  del pueblo, y abriendo los ojos como platos al llegar a la gran ciudad. Con esa misma mirada, de sorpresa, a veces de inocencia, a veces de ignorancia y alguna vez hasta, quizás, de prepotencia europea (Dios no lo quiera) queremos compartir con vosotr@s las cosas que nos van resultando curiosas, cotidianas y anecdóticas y que harán, si os apatece, que tod@s nos sintamos un poquito más cerca.

Saludos ultramarinos de Elisa y Luismi

5 comentarios:

  1. Así me gusta chicos, que nos informéis de cómo os va todo y de cómo es aquello. Aquí os esperamos con la vista preparada para leer todo lo que nos contéis. Un besazo enorme

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  2. Recuerdos al señor Tomás y a doña Marita. Seguro que son la sal de la tierra

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  3. Está genial, seguir con vuestro cuardeno de bitácora, os seguiré, un beso enorme.

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  4. perdonar soy nueva asi soy gema la del cuaderno de bitacora a ver si me

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  5. seguir así y no pareis de escribir todo el mundo está alucinando con el potencial de escritora que eres hasta las barcelonas llegan los ecos jaajaaaa un beso

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